sabato 28 novembre 2009
Så som i Himmelen
domenica 1 novembre 2009
Inglorious Basterds
Ah, qué bien me siento.
Tiene como una hora que salí del cine y esta vez, con una enorme sonrisa de satisfacción.
Quentin Tarantino se convirtió en uno de mis directores favoritos desde Pulp Fiction, así que no dudé que su trabajo más reciente sería algo de calidad. Es cierto: tenía cierta predisposición; sin embargo en otras ocasiones que veo algo con grandes expectativas ha ocurrido que me han decepcionado, así que no creo que haya influido mucho en que Inglorious Basterds haya sido de mi agrado.
Realmente disfruté cada momento de la película; por si alguien que lee esto no la ha visto no voy a contar su trama ni argumento pero sí quiero decir que es admirable; cuenta con el toque sangriento y de humor negro propio de su director, el elemento sorpresa sazonado con suspenso, y los paseos de la cámara que merodean y envuelven deliciosamente a los personajes.
También es notorio el conocimiento fílmico de Tarantino por ciertas referencias (no sé si sean intertextos) y comentarios. Pueden identificarse asimismo algunas llamadas de atención a los espectadores que gustan de ver violencia y quedar bien con otros. Por último, hay que decir que el elenco es bastante bueno.
Evidentemente la recomiendo muchísimo.
martedì 13 ottobre 2009
Es horrible pasar dos terceras partes de una corta vida, buscando, buscando. En la religión, en Dios, en la familia, en los amigos, en un posible amante, en la escuela, en las élites, en una misma, en la tierra, en los placeres, en las privaciones, y nada.
Sin embargo una no se rinde, vuelve a intentarlo; se olvida por un rato pero busca otra oportunidad. Una abre el corazón de nuevo, lo entrega, lo arriesga, lo saca de su oscuro cubículo para presentarlo una vez más, y otra vez lo devuelven. Eso es peor. Lo rechazan, lo ignoran. Lo vuelven a dejar solo y sin esperanza, cubren de pesar sus ojos suplicantes, sus labios sedientos, su nariz llena de suspiros, sus oídos atormentados con un dejo de delicia, sus piernas que rogaban abrazar, sus manos que anhelaban envolver, sus senos que soñaron albergar un rostro amante, sus pies ansiosos de otro par a su lado. Le quitan un poco más del ánimo que apenas conservaba que luego no se sabe si aún queda algo.
Y entonces una se cansa: de esperar, de buscar, de intentar, de equivocarse, de llorar, de ser ilusa, de vagar, de ir derrumbándose, en fin, de estar profundamente sola. Una se cansa.
lunedì 24 agosto 2009
Vaya cumpleaños
lunedì 20 luglio 2009
La individualidad ante los valores familiares
Como sabemos, actualmente la familia –en su modelo tradicional, esto es: padre, en primer lugar; madre e hijos– es una institución muy defendida en la sociedad; encontramos anuncios televisivos que la promocionan mientras que otros se encargan de atacar los modelos familiares menos aceptados en ciertos círculos –por ejemplo las declaraciones de ciertos panistas que alegaron que las culpables de la delincuencia y el pandillerismo son las madres solteras y aquellas que tienen que salir a trabajar.
El caso es –y hablo según lo que he vivido, visto y escuchado– que la mayoría de las familias mexicanas vive o trata de vivir con base en ciertos principios rectores que son considerados como cualidades o virtudes que los miembros de una familia deben tener como punto de partida de su conducta; dentro de los cuales, me parece que los calificados de fundamentales son la lealtad, el respeto a los padres o a los mayores y la obediencia.
En cuanto a la lealtad, considero que implica el hecho de que, pese a todo, los miembros de la familia deben apoyarse y colaborar entre sí; es más, aún: consiste en la obligación de alguien de corresponder, ser agradecido, velar por el bienestar físico y emocional de los parientes, así como por de salvaguardar la integridad –tanto moral como material– de la familia. Muchas veces la lealtad a la familia es concebida como el deber del cualquier miembro de mantenerse al lado de sus parientes y una actitud contraria es interpretada como abandono, irresponsabilidad o ingratitud. ¿Qué me quiero ir al otro extremo del mundo a vivir sola y lejos de la familia por las razones que sean? No, pues eso está mal porque "la familia debe mantenerse unida". ¿Que mi padre me pide en medio de su enfermedad que cuando muera yo me quede con el resto de la familia? Tengo que aceptar la encomienda. Parece que no importara lo que uno realmente quiere, sino el nombre de la familia.
Si hablamos de respeto a los padres o a los mayores, sin duda nos encontraremos con una distorsión de esta palabra, ya que se confunde con el miedo; entonces estaremos ante las recomendaciones de que, para no ofender a otros y provocar su disgusto y con ello otros problemas, hemos de evitar evidenciar sus errores u oponernos a sus recomendaciones. ¿Que el abuelo vive en el siglo XVI y por eso no me permite actuar en un margen aceptable de libertad? Pues ni modo, es el abuelo, él es el que tiene experiencia y sus consejos no son malintencionados, así que nada de llevarle la contraria. Una cosa es el respeto y otra perderse a sí mismo y someterse a voluntades ajenas por quién sabe cuántos motivos que vienen de fuera.
También la obediencia es un valor que los padres anhelan fomentar en sus hijos; procuran orientar las acciones de éstos hacia lo que ellos consideran que es mejor que hagan sus descendientes; imponen sus reglas y esperan que sean acatadas. Seguramente si uno obedece siempre a sus superiores se mantendrá lejos de muchos problemas situaciones incómodas y preocupaciones, pero ¿qué hay de lo que uno realmente quiere?
No dudo que casi todos los padres tratan de cultivar en sus hijos los valores anteriormente mencionados “por su bien” y con las mejores intenciones; tampoco me parece un fallo total que se inculquen y algunas personas decidan practicarlos a lo largo de su vida. Mucho menos estoy promoviendo la disolución de la institución de la familia, puesto que el ser humano no es una especie donde las criaturas a los pocos meses o años de nacidas puedan ya valerse por sí mismas prescindiendo de la ayuda de sus semejantes con más experiencias vitales.
Creo que la familia, en el modelo que sea, es lo primero con lo que cuenta el individuo para crecer y formarse una idea del mundo, por eso me parece hasta cierto punto malvado que en ese núcleo, la visión y el actuar de alguien esté siempre en función de lo externo –de lo que es bueno para los padres, hermanos y otros parientes, de lo que es bien visto por la sociedad, de lo que hará que la gente nos respete, etc.– mientras no se le dé al individuo la oportunidad de cuestionar y llegar a la conclusión de si él realmente quiere apropiarse de lo que le enseñan; evidentemente esto no se hace porque el sistema sigue poniéndose por encima del individuo de tal forma que la familia, en su afán de criar para producir entes sociales aceptados –porque no podemos olvidar que en casa nos recuerdan el “qué dirán” y en función de eso determinadas actitudes son redireccionadas– llega a convertirse en el primer atentado en contra de la individualidad.
Bien dijo Kierkegaard: las personas tienen a sucumbir ante la masa, ante todo aquello que las rodea y quiere condicionarlas, por lo tanto el reto está en poner entre paréntesis, por así decirlo, esa masa y ver hacia uno mismo, hacia dentro de sí y proyectarse hacia un punto en el horizonte de un modo meramente propio o personal, que dé cuenta de una existencia única que como consecuencia de eso se pone de manifiesto de forma distintiva.
De ahí mi consideración de que seguir ciegamente los valores que intenta inculcarnos la familia implica el olvido de lo que realmente deseamos y pensamos. Así imponemos las verdades de los otros en nuestra vida, no existimos como individuos y somos algo parecido a una escenografía que sólo sirve para montar la obra de teatro. Es cierto que puede incomodarnos mucho saber que aquello que sinceramente anhelamos en la vida es inaceptable o desagradable para nuestros padres o familiares cercanos y queridos, pero si nuestro comportamiento gira en torno a sus intereses y preferencias sin darnos la oportunidad de ejercer nuestra libertad de existir –porque tenemos pensamiento y por lo tanto la capacidad de construir una verdad propia a través de la cual comprendamos y disfrutemos de alguna manera de nuestra existencia– estamos aniquilándonos.
Por lo anterior, quiero concluir mencionando que si se trata de elegir un valor adecuado en la familia considero como tal el de la comprensión. Creo que si hay esto puede haber todo lo demás, y estoy hablando de “comprensión” en un sentido hermenéutico; en ese tenor, la comprensión en la familia estaría dada por el hecho de que ninguno de los miembros se olvida de sí mismo, de sus circunstancias y de sus convicciones, pero al mismo tiempo tampoco impide ser y expresarse al otro, sino que entiende su planteamiento, lo deja hablar y se sitúa en su lenguaje para poder entablar un diálogo y de esta manera pueda haber una relación comunicativa donde uno pueda asomarse a, y entender la existencia del otro hasta llegar a apreciar y respetar (valorar y dejar ser) cabalmente su horizonte sin perder de vista el propio.
Confío plenamente en que mientras haya comprensión mutua entre familiares, sobre todo entre padres e hijos, la individualidad no será una fuente de molestias para la familia ni ésta será un peligro para el individuo, sino un lugar propicio para la existencia.
domenica 28 giugno 2009
Stars Hollow
Lorelai: -Debería traer salsa de carne ¿no?Rory: -¿Para qué?
Lorelai: -Para la pizza.
Rory: -Acabo de volver de Italia.
Lorelai: -¿Y?
Rory: -Y allí pueden matarte por echarle eso.
Lorelai: -¡Pero esto es América!, donde destrozamos la cultura de otros países en nuestra asquerosa búsqueda de una supremacía moral y militar.
Rory: -Tienes razón.Trae los condimentos imperialistas.
Lorelai: (a Rory) Acércate un momento, tienes una mancha en la frente… lo siento, es sólo la marca del diablo, fallo mio.
Rory: No puedo llegar tarde mi primer día, ¿sabes lo que le pasa a la gente que llega tarde el primer día?
Como encontrar un hueco de estrellas mientras caminaba por alguna zona desconocida de mi mundo hace aproximadamente 3 años, fue toparme con la obra de arte por la que muchos recordaremos a Amy Sherman-Palladino por bastante tiempo, creo yo.
Seguramente pueden recrear en su mente la escena del zapping con la esperanza de encontrar algo interesante o divertido; resulta que eso hacía yo cuando en WB Channel encontré ambas cosas.
domenica 31 maggio 2009
El vampiro de la colonia Roma -siguiendo con la literatura de la onda
Para muestra hay mucho material: desde el hecho de contarle todo a un “tú” que no sabemos quién es pero que nos da la oportunidad de identificarnos con él y no se nos hace lejano que el narrador empiece: “¡puta madre! ¿contarte mi vida? ¿y para qué? ¿a quién le puede interesar? además yo tengo muy mala memoria estoy seguro de que se me olvidarían un chingo de de detalles importantes” (Zapata, 1979: 15) Es como si desde el principio el narrador nos dijera: “sí, así habla la gente, así hablamos los jóvenes, basta de ponernos en la boca palabras que no nos corresponden y quitarnos otras que son esenciales para poder decir lo que sentimos y pensamos”. Pero algo muy agradable de esta novela de Luis Zapata es que también tiene un sentido del humor que no había observado en ninguna obra anterior que he leído de la literatura de la onda. ¿Ejemplos? “y entonces yo pensaba que sería muy buena onda que hubiera agujeritos es que son divertidísimos deveras es muy excitante exhorto a todos los homosexuales de México a que hagan agujeritos en los baños.” (Zapata, 1979: 164) o “ni soy tarado ni la vida me ha golpeado pus ni que fuera boxeador ¿verdad?” (Zapata, 1979: 16)
Y bien, el asunto del lenguaje nos lleva a pensar en la escritura. Margo Glantz cita a Gustavo Sáinz cuando él habla de la novedad en la escritura en esta literatura y menciona que “La preocupación de “escribir bien” tan propia de Martín Luis Guzmán y Salvador Novo tiene ahora una oposición: la de aquellos que no creen más en los ceremoniales literarios.” (http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02437175000794506300080/p0000001.htm#I_3_) Los escritores de la onda ya no se preocupan más por escribir según los lineamientos de una academia. Han cuestionado si realmente son necesarios tantos signos de puntuación y el orden de mayúsculas y minúsculas; han concluido que no y se han atrevido a escribir de una forma que se aparta de las convenciones y les permite demostrar si es cierto o no que la ortografía enseñada en las escuelas es imprescindible.
En el caso de El vampiro de la colonia Roma, me parece muy importante hacer un acercamiento a la escritura. En esta novela no encontramos alternancia entre mayúsculas o minúsculas. Todo está en minúsculas y no se siente la necesidad de utilizar ambos tipos de letras, con una es suficiente. Tampoco hay comas ni puntos o punto y coma; sólo unos paréntesis que separan los sueños de los acontecimientos directamente tangibles de la historia, algunos signos de interrogación y exclamación y unas pocas comillas. Es todo, lo demás está dado por el uso del espacio entre las palabras. No existe una separación tajante entre párrafos, sólo un espacio más amplio de lo normal entre las palabras y no hay algo que nos impida distinguir entre uno y otro.
La escritura de El vampiro de la colonia Roma nos hace pensar que no necesitamos tantas normas ortográficas (eso sí, los acentos gráficos son muy importantes y no tienen que ser suprimidos) y al mismo tiempo nos permite hacer una lectura más fluida que se va pareciendo cada vez más a una conversación; esto último, para mí fue una experiencia muy grata. Basta citar un pequeño fragmento de la novela para notar esto:
Esta distribución del texto escrito me hizo pensar en que no necesitamos de tantas convenciones; al menos no para muchos textos literarios; habría que ver hasta qué punto podemos prescindir de los signos de puntuación pero me parece muy acertada la forma en que el autor escribió la novela y la hizo muy original y más expresiva de lo que hubiera sido de estar apegada a las reglas de escrituras de la academia.
Otro aspecto de la literatura de la onda son los viajes. También hay viajes, transición y movimiento en El vampiro de la colonia Roma. Según la historia que nos cuenta Adonis García, el protagonista y narrador, él nace en Matamoros, Tamaulipas pero su familia se mudó rápidamente al D.F.; poco después de la muerte de sus padres, Adonis se fue a León Guanajuato pero como a los dos años regresó al D.F. con un amigo y después de un tiempo se estableció en la colonia Roma, dónde se metió de lleno a talonear (o sea, a dedicarse a la prostitución, en su caso prostitución homosexual). Al final de la novela menciona el último cambio, que es el haberse mudado a la colonia Cuauhtémoc: “cuando me cambié a la colonia cuauhtémoc se inició otra etapa de mi vida pero ps ésa ya la dejamos para otra ocasión ¿no?” (Zapata, 1979: 179)
Es así como podemos conocer las etapas de la vida de Adonis desde su niñez hasta su nuevo comienzo en la colonia Cuauhtémoc; vemos cómo cada lugar está relacionado con una parte de su vida.
También, en su estancia en la colonia Roma -que es de la que nos habla más-, hay viajes (en el doble sentido de la palabra); él menciona una temporada en la que fumaba mota y se cruzaba varias sustancias: “[…] cuando fumaba mota era realmente feliz […] cada que me daba mis pasones era con una sola cosa o con alcohol y mota” (Zapata, 1979: 113-114) Por otro lado siempre está el elemento sobresaliente del movimiento en el sentido de que Adonis siempre anda de un lado a otro, cambiándose de casa, conociendo gente, cambiando su forma de pensar de las cosas, etc. Para mí, esto es parte de la vitalidad de la novela y le da verosimilitud.
Ahora bien, la Onda también es conocida como contracultura. En ese tenor, quiero citar lo que menciona José Agustín:
Desde mi punto de vista, El vampiro de la colonia Roma reúne los elementos de la onda que he mencionado anteriormente, pero la contracultura tampoco pudo haber ignorado la mentalidad y sensibilidad alternativas que propone el hecho de considerar a los homosexuales e ir en camino a comprenderlos en una sociedad machista que ha decidido ver en cualquier persona no heterosexual la imagen de lo malo, dañino, asqueroso, intolerable y digno de ser reprimido y desechado.
En ninguna otra novela de las anteriores que he leído en el curso de literatura de la onda la homosexualidad ha sido expresada de forma tan explícita y clara, pero la diversidad sexual es parte de la sociedad y si la onda como rechazo a la cultura institucional omitía este aspecto no iba a ser, a mi modo ver, una contracultura completa, pues introducirnos al mundo de un joven homosexual que además ejerce el desprestigiado trabajo de la prostitución nos permite ponernos en los zapatos de alguien con actitudes, conductas, lenguaje, y modos de ser y de vestir alternos al sistema bajo el cual se rige –y se regía- casi toda la población mexicana; lo más importante es que ese otro ser de la novela no es sólo un invento o una creación ficcional sino que tiene un referente en la realidad “objetiva”, es decir, se trata de alguien que está –y ha estado- presente desde hace mucho tiempo pero no se le ha querido ver; por eso es que la contracultura, dice José Agustín, es la historia de incomprensiones y represiones.
Regresando al tema de la prostitución, fue un gran y preciso atrevimiento poner de manifiesto que también se daba entre hombres y de qué forma se hacía cuando no se había estudiado mucho esta situación en México; Gomezjara dice al respecto en Sociología de la prostitución (1978): “su estudio y sistematización en Europa y Norteamérica lleva varios años dentro de las ciencias sociales, lo que en México ni siquiera a nivel de planteamiento teórico existe.” (Gomezjara, 1978: 81) De ahí la consideración de que El vampiro de la colonia Roma hace una aportación también al mundo de la sociología sin aminorar su valor literario.
GLANTZ, Margo. 2006. “El lenguaje” en Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33. [Internet]. Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible desde: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02437175000794506300080/p0000001.htm#I_3_> [acceso 10 de mayo de 2009].
GOMEZJARA, Francisco, et.al. (1978). Sociología de la prostitución. México D.F. Distribuciones Fontamara.
SCHNEIDER, Luis Mario. (1977). La novela mexicana entre el petróleo, la homosexualidad y la política. México D.F. Nueva Imagen.
ZAPATA, Luis. (1979). El vampiro de la colonia Roma. México D.F. Debolsillo.
